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Cada fin de semana la misma historia


Todos somos conscientes del problema, hasta los mismos padres que insultan lo afirman, como si la paja estuviese en el ojo ajeno. Los que justifican su actitud se sienten con el derecho y la libertad de que éste es un país demócrata y libre de expresión.


Nos indignamos cuando escuchamos en los medios casos de violencia de género, maltrato psicológico, resultado de una sociedad cada vez más decadente, ausente del más mínimo respeto por las personas y por la vida. No estamos lejos de la antigua sociedad romana, se asesinaban a los gladiadores romanos con tal de asegurar el espectáculo.


Un ejemplo no menos surrealista hemos conseguido con el fútbol, y que empieza a cocerse en el fútbol base.


Observamos como normal que un padre o un espectador pueda decir lo que desea en un campo de fútbol base. Yo voy al teatro y el público no insulta a los actores, ni en el cine se les permite gritar porque no les gusta la película. ¿En el fútbol por qué ocurre todo lo contrario? ¿Por qué las autoridades no actúan prohibiendo la entrada o expulsar a espectadores que no se comporten en un campo de fútbol?


Ni los entrenadores ni los padres son conscientes del profundo daño que hacemos a la formación de los niños. Estamos edificando violentos en potencia, estamos luchando contra nosotros mismos, nos estamos golpeando literalmente, no gana uno de los dos equipos, ambos estamos perdiendo claramente por goleada.


Sucede como las peleas de gallos, inducimos a los niños a que se golpeen y utilicen cualquier artimaña para salir vencedores, porque, tristemente, oímos de padres y entrenadores: "Lo importante es ganar", como ocurría con los gladiadores romanos. Creemos que debe haber sangre para que algo se considere violencia. La agresión psíquica y la violencia verbal es el embrión y la antesala de la agresión física y en muchas ocasiones produce más dolor el psicológico que el físico. Aún no entiendo como los árbitros tienen el valor de pitar. Yo, sinceramente, me negaría tajantemente. Aunque acierten o se equivoquen, los padres y espectadores ven al árbitro como malhechor, se produce continuas injurias y falta de respeto. Desde que el árbitro salta al terreno de juego, se sienten con la libertad de poder realizar un análisis profundo y peyorativo de la persona, si es delgado, con sobrepeso, alto, bajo. Esto no ocurre en la calle cuando ves a una persona pasear, aunque la falta de respeto ha alcanzado tales límites, y el fútbol es un claro espejo de nuestra sociedad.


Las autoridades deben estar presentes en los campos de fútbol base y proponer por parte de los dirigentes de los clubes carteles reflectantes anclados a lo largo y ancho de las instalaciones, que se prohíbe insultar al árbitro o realizar observaciones que afecten a la integridad y formación de los niños; sí, como esos carteles que dicen: se prohíbe comer pipas, pero mucho más enorme.


Pueden pensar que es una locura, pero sé lo que digo, pregúntele a un niño como se siente después de un partido, que ha escuchado a su padre insultar al árbitro o a un compañero suyo, podrán observar el dolor en sus ojos sin necesidad de que se desperdicie ninguna lágrima.


Las estadísticas y estudios así lo demuestran, los niños practican fútbol porque quieren divertirse y mejorar sus habilidades, pertenecer a un grupo, hacer amigos, aumentar su autoestima; NO PORQUE QUIERAN GANAR... Ése es el deseo de padres, dirigentes y muchos entrenadores.


Lo que un padre pregunta a su hijo cuando llega a casa después de un partido es ¿GANARON? Si observas las respuestas de la mayoría de los entrenadores de fútbol base preguntándoles cómo ha sido la temporada, el 90% de sus respuestas serán: "¡Quedamos primeros, segundos, terceros, ganamos tantos partidos...!" Todo relacionado con los resultados para justificar su eficacia como entrenador y no entiende que es FORMADOR, MAESTRO, EDUCADOR, TRANSMISOR DE CONOCIMIENTOS Y BUENAS ACTITUDES.


Si se les pide a entrenadores que hagan una valoración de los progresos conseguidos en cuanto a principios éticos en los niños: comportamiento, juego limpio, respeto, deportividad, mejora de sus estudios, autoestima; podremos observar que hemos descendido de categoría y no haber ganado ni un solo partido en este sentido.
¿Qué clase de personas estamos formando?


Los terroristas islámicos se suicidan asesinando a personas inocentes, creyendo que lo hacen por ALÁ. Los niños crecen con esa idea inducida por la sociedad y por una cultura totalmente errónea, y lo asimilan como veracidad.


Nuestra cultura permanece gracias a que ha sido transmitida a través de generaciones y se pierde cuando deja de ser promovida por nuestros abuelos, padres, escuela, deporte, como los juegos de canicas, el teje. Antes jugábamos y hoy prácticamente han desaparecido. Lo mismo ocurre con los valores esenciales de la persona, amor, respeto, solidaridad, comprensión, buena fe...


Lo que el niño recibe de su entorno va a ser determinante para su presente y futuro. Su entorno no es únicamente la escuela y la familia, el deporte es un instrumento poderosísimo que puede transformar la personalidad de los niños para bien, pero en muchos casos, puede ser una experiencia traumática y frustrante hasta el punto de poder destrozar sus ilusiones.


Pocos son los que evalúan los aspectos personales del niño. Su nivel de autoestima, su respeto por las normas y por los demás, el cariño y el afecto que haya sembrado en su corazón y en su vida, la responsabilidad, defender lo correcto, evitar la violencia y ayudar a erradicarla por completo, mejorar sus estudios, pero muchos "entendidos" en fútbol base, opinan que esa no es su misión ni los objetivos. Solo importa lo efectivo o lo buen jugador que seas.


Ya cada vez nos preocupamos menos por mejorar las cualidades técnicas de los niños y se les exige a que jueguen como los profesionales sin comprender que debemos adaptar el fútbol al niño y no el niño al fútbol. Todas estos aspectos se plantean sobre el papel, pero están ausentes en la práctica del fútbol base (regates, diferentes golpeos de balón, experimentar la sensación de marcar un gol...). Esto debe ser lo prioritario y son las razones por las que el niño disfruta jugando al fútbol, y no es interpretación mía. Estadísticamente ha sido comprobado. Solamente en la isla de las Las Palmas están federados cerca de 2.550 jóvenes en categoría juvenil, sin contar cadetes ni infantiles, ni alevines, ni benjamines. Más del 25% de los jugadores que acaban su etapa en edad juvenil terminan abandonando el fútbol a los pocos años, el 70% no pasará de categorías regionales, y menos del 2% alcanzará jugar en categoría profesional. Y lo más triste: menos del 5% llegará a cursar estudios universitarios y un porcentaje significativamente alto no acabará el bachillerato.


Todos estos jóvenes tendrán que enfrentarse a una sociedad cruel, donde las adicciones como las drogas o el alcohol están esperando para devorar al primero que les de una oportunidad.


Si queremos y deseamos cambiar las próximas generaciones donde abunde el respeto, el amor, la solidaridad, el poder convivir sin odio ni rencor, el egoísmo, preocuparnos por los demás; acabar con las drogas, el alcoholismo, todo esto que nos está matando, debe haber alguien que empiece a sembrar en nuestros corazones y en el de los niños para poder hacer una cadena lo suficientemente grande y fuerte que llene de más amor y felicidad este mundo.


Todos nos indignamos por ver como el hambre mata tantos niños, o las consecuencias que está produciendo el cambio climático en la tierra, pero debemos reconocer que todo es producto de la maldad del hombre.


El deporte base, y concretamente el fútbol base, no puede caminar por sí solo. Debe estar en manos de dirigentes humanamente preparados, conscientes de la importancia del futuro de los niños. Por ello, las instituciones no deben aportar sólo dinero, sino personal humanamente cualificado y no pensar que los títulos y las victorias son sinónimo de éxito.


No conseguiré que mi hijo no fume, si yo fumo, que no insulte si yo lo hago, que SONRÍA SI YO ESTOY LLORANDO...


SEAMOS DE UNA VEZ POR TODAS UN EJEMPLO POSITIVO PARA TODOS LOS NIÑOS, PORQUE REALMENTE SE MERECEN UN MUNDO MEJOR.

Miguel Ángel Valerón
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